“Varios me dijeron que no iba a funcionar”, recuerda Francisco Bellotti (93), con la mirada perdida en el boceto original, dibujado en lápiz, del Tubby 4. “Cuando ya tenía una muestra avanzada del producto, llamé a algunos gerentes de la empresa para que lo probaran. Uno me dijo: ‘No tiene sabor a nada’. Otro me dijo: ‘Tiene un gusto medio fulero’. Por suerte no le di bola a ninguno”.
Bellotti se define como un goloso de alma con un paladar más que sofisticado. Seguramente gracias a esa combinación, sumado a sus conocimientos en química, logró crear algunas de las golosinas más vendidas de los ´80 y los ´90, como el Tubby 3, el Tubby 4, el chocolate Graffiti, los bombones Amore, las galletitas Tentaciones y los alfajores Blanco y Negro. Esos son solo algunos: en sus casi 60 años de profesión, el químico creó más de 50 productos diferentes para Bagley y otras decenas más para marcas como Fanacoa, Havanna y Stani. “Me encantaba mi trabajo, y encima me pagaban”.

Si hay algo que impresiona a Bellotti es cómo, a 39 años de su lanzamiento y a más de dos décadas de su discontinuación, los argentinos aún recuerdan con tanto cariño a las obleas bañadas Tubby 3 y Tubby 4. Hace pocas semanas, la historia de su creador fue publicada por la cuenta de Instagram Marcas Argentinas, y Bellotti se impresionó al leer los más de 600 comentarios que dejaron los usuarios. “Quedé muy asombrado. Que ahora, después de tantos años, la gente siga recordando el producto es algo increíble. En su momento no era consciente del éxito que tenían los Tubby”.

Bellotti tuvo una extensa carrera dentro de la industria alimenticia. Se graduó como técnico químico en la Escuela Técnica Otto Krause y, luego de estudiar Química en la Universidad de Buenos Aires (UBA), comenzó a trabajar en un laboratorio farmacéutico cerca de su casa, en el barrio de Olivos. Fue allí donde conoció a su esposa. Luego, se cambió a Fanacoa, donde colaboró con las recetas de mayonesa y mostaza, hasta que fue contratado por Stani, la empresa productora de los chicles Bazooka, y después pasó por Bonafide. La rotación por diferentes fábricas terminó cuando ingresó a Bagley. “Me llamaron y me dijeron: ‘Mire, tenemos acá la mejor oblea del mercado, la Ópera, pero es muy sonsa, hay que vestirla’. Me contrataron como gerente de desarrollo. Empecé a probar opciones para vestirla, y salió un Tubby”.

En un principio, las dos golosinas, que salieron a la venta al mismo tiempo, se producían en pequeñas cantidades. Pero no tardaron en ganar protagonismo dentro de la planta de Bagley, en Villa Mercedes, San Luis. “Terminamos haciendo 2500 kilos por día de Tubbys. La línea de producción del producto medía 300 metros de largo. Y la planta entera mide 600. Había algunos trabajadores que se movían en patineta de un lugar a otro. Yo, cada vez que iba, caminaba kilómetros”.
Parte del éxito de los dos productos tuvo que ver con su spot publicitario, con música compuesta por Ruben Goldín, que al día de hoy puede encontrarse tanto en Youtube como en Spotify bajo el nombre “Tubby 3 y Tubby 4″, tal como repetía su estribillo.
Bellotti no era consciente en ese entonces de la fama que habían ganado sus dos primeras creaciones de Bagley entre los más jóvenes. Pero sus hijos sí. “Nosotros somos tres hermanos. Nuestra cocina era como un kiosco. Papá nos traía cajas mayoristas y las llevábamos al colegio. Yo jugaba al tenis y viajaba por el país representando a la provincia, y cuando nos íbamos de gira proveía de chocolate a todo el equipo”, cuenta Maria Fernanda, una de sus hijas,“Crecimos entre los caramelos y la música”, agrega. Además de amante de lo dulce, su padre es un gran melómano.